De cómo Botín se compró toda la Lotería para que no tocara

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De cómo Botín se compró toda la Lotería para que no tocara

 

Agustín Marco  29/10/2011 06:00h

Seguramente sería aconsejable dedicar unas líneas a por qué esta semana los que mandan en este país han sacado la lengua a pasear. Curioso escuchar a Isidro Fainé, hombre acostumbrado al voto de silencio, queriendo poner a “cada uno en su sitio” en el caso Repsol  ¿Pensaría en Brufau? O a Ignacio Sánchez Galán disparando contra los Entrecanales, los Benjumea por el subsidio público de las plantas termosolares y, sobre todo,contra el modelo prestamista de su amigo Florentino Pérez, al que esta semana Paco González, el propio Fainé y el ICO le han vuelto a salvar la vida.

O como la banca, con Santander y BBVA a la cabeza, ha sacado pecho en la semana en la que los jueces de Europa les dicen que tienen que recapitalizarse por 26.000 millones. Tranquilos amiguitos accionistas que aquí no pasa nada, que tenemos músculo para mantener el beneficio incólume  y los dividendos, secuestrados desde hace tiempo con eltocomocho del pago en acciones (scrip dividend) , a todo trapo.  

Pero hoy hace justo un mes que nos cargamos la que iba a ser la mayor salida a bolsa de la historia de España -8.000 millones por el 30%- y sería bueno hacerle el obituario con los nombres de los que mataron la Oferta Pública de Venta (OPV) de Loterías y Apuestas del Estado. Porque se trata de una historia que, teniendo en cuenta que nos afectó y nos afectará al bolsillo de los españolitos de a pie, conviene explicar.

Decía Joaquín Sabina que “los amores que matan nunca mueren” en una de sus innumerables canciones de desgarro, de desamor, de realidad. Lo mismo pasa en las finanzas. Hay documentos que, pasados el tiempo, siguen teniendo valor. Y mucho si el periodo que ha trascurrido es de apenas un mes.

Uno de esos researchs, como se les llama en el mundillo, es el que elaboró elBanco Santander para la salida a bolsa de LAE. La entidad, coordinador global de la que iba a ser la mayor oferta pública de venta (OPV) de la historia de España, elogiaba a una compañía con un beneficio operativo de 3.000 millones, con una facturación estable y sin deuda. Un bomboncito al que todo el mundo le hubiera querido dar un bocado.

Tanto le gustaba al Santander que valoró la LAE entre 30.000 y 35.000 millones de euros, hasta 15.000 millones por encima del valor en libros del ente público. El informe, fechado en la tercera semana de septiembre, fue distribuido a un selecto grupo de clientes del banco para convencerles de lo atractivo de la inversión. En Loterías, con Aurelio Martínez al frente, y en el Ministerio de Economía, estaban encantados con esos números.

La operación, forzada a destiempo por Elena Salgado para reducir las necesidades de financiación del Estado, tenía que hacerse antes de la campaña electoral para evitar la contaminación política. Sin embargo, el 28 de septiembre, el día en el que se tenía que fijar el precio de las acciones de la LAE, la colocación se fue al garete. ¿Por qué?

Sencillo. Porque el Santander, y el resto de sus colegas de dirección de la OPV (BBVA, Goldman Sachs, JP Morgan, UBS y Credit Suisse), se presentaron ante el señor Martínez y le dijeron que la compañía apenas valíaentre 16.500 y 18.500 millones. ¿Qué había pasado para que en apenas siete días el banco de referencia de nuestro país recortase un 50% la tasación del monopolio español del juego?

Sin olvidar las graves turbulencias bursátiles, lo que sucedió es que Botín y FG consideraron que no se podía privatizar una empresa en contra de la opinión del PP, que a través de Cristobal Montoro había hecho campaña matar la operación.

¿Cómo iban a apoyar una maniobra del PSOE con la que discrepaba el futuro ministro de las cuentas públicas pese a que esos 8.000 millones nos hubieran ahorrado pagar los cerca de 400 millones en intereses que tenemos que abonar por financiar al Reino de España en los mercados?.

Lo peor de todo es que había demanda más que de sobra para llevarla a cabo, especialmente de los minoristas, según las prospecciones internas de los propios bancos colocadores. Pero ya saben cómo se las gastan nuestros líderes empresariales. Los particulares importamos poco, o casi nada, salvo cuando nos piden dinerito fresco para comprar pagarés que no están protegidos por el Fondo de Garantía de Depósitos. Lo primero es su posición, más ahora que el tablero del poder se mueve y todos quieren purgar pecados -ese indulto a Sáenz- o comprar favores.

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