La quita griega será light para la banca: Irlanda y Portugal serán los siguientes

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La quita griega será light para la banca: Irlanda y Portugal serán los siguientes

Antonio León (BRUSELAS)
25/07/2011 -
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Los bancos saldrán con casi todas sus plumas de la reestructuración de la deuda pública griega, por más que Josef Ackermann, presidente del Deutsche Bank, asegurara tras la cumbre europea del pasado jueves que el pacto para rescatar a Grecia les "pega duro". 14 días de infarto para salvar el euro: Bruselas evita, de momento, la vuelta a la lira y la peseta.

 

"Los grandes bancos europeos afrontarán pérdidas relativamente moderadas", aseguró este fin de semana el rotativo estadounidense The Wall Street Journal, que cifraba el impacto en, como máximo, 14.000 millones de euros. El grueso del choque es para los bancos griegos: 9.043 millones.

Los principales bancos galos se dejarían en la operación unos 1.435 millones de euros. Detrás irían los chipriotas, que perderían unos 982 millones. Las entidades alemanas perderían 843 millones, seguidas por belgas (381), británicas (373), portuguesas (297), italianas (207), holandesas (194), austriacas (86) y españolas (82 millones).

Las pérdidas han quedado limitadas, porque la quita se limita al 20 por ciento, frente al 40 o al 50 por ciento que descontaban los expertos dada la depreciación de los bonos helenos en el mercado secundario. Y como la quita sólo se aplica al papel que venza esta década, quien invertiera en deuda griega a más largo plazo no se ve afectado, al menos de momento.

Desconfianza

El problema real para la banca europea, para Europa, el euro y la economía mundial sería que el mercado desconfíe del plan de rescate de Grecia pactado la semana pasada en Bruselas por los jefes de Estado o de Gobierno de los 17 países de la moneda única. Y que la solución no detenga el contagio.

Los daños del contagio a Irlanda y a Portugal seguirían siendo limitados y asumibles. De hecho, el mercado considera que ambos terminarán por esgrimir el precedente griego y reestructurar sus respectivas deudas públicas, por más que la cumbre de la semana pasada prometiera solemnemente que no será así.

Ni siquiera se descarta que más adelante Grecia abra otra ronda de quitas, vista la incertidumbre de su futuro crecimiento y el tamaño de su deuda pública.

El gran temor es que tras la reacción positiva con la que los inversores recibieron el acuerdo la semana pasada, reacción que perdió fuelle según transcurría la jornada del viernes, se produzca una estampida tan virulenta como tras el desplome en 2008 del gigante bancario estadounidense Lehman Brothers. Si los inversores huyen de España o Italia, y ambas dejan de reembolsar su deuda, los acreedores privados -fundamentalmente las entidades financieras- se encontrarán con un roto en sus balances demasiado grande.

Según los datos más recientes de Eurostat, la deuda pública de Grecia equivalía al terminar el año 2010 al 142, 8 por ciento de su Producto Interior Bruto (PIB), y sumaba 328.588 millones de euros. La de Irlanda era de 148.074 millones, el 96,2 por ciento de su PIB. Y la de Portugal era de 160.470 millones, el 93 por ciento del PIB.

España e Italia

La deuda de un país de mayor tamaño como España asciende hasta los 638.767 millones de euros pese a que es de sólo el 60,1 por ciento de su PIB.

 

España sola acumula tanta deuda como los tres países del euro rescatados. Y la deuda de Italia, que se disparó el año pasado hasta el 119 por ciento del PIB y cuya tendencia sigue al alza, supera la friolera de los 1,84 billones.

Quienes cruzan los dedos, defienden que Atenas no es un epicentro de actividades financieras como lo fue Lehman. Alrededor del banco de inversión se había tejido una gigantesca maraña de operaciones opacas con derivados, cuyas interconexiones eran indescifrables. Desaparecido el intermediario y la posibilidad de saber quién debía qué y a quién o, lo que es lo mismo, perdida la pista de dónde habían ido a parar las inversiones y de dónde acudir para recuperarlas, los actores del mercado sucumbieron al miedo de caer arrastrados por un efecto dominó.

Por el contrario, dos tercios de la deuda pública griega está en manos de unas treinta de entidades. Y la exposición a la deuda helena es relativamente transparente. Por otro lado, desde que hace año y medio comenzaron las grandes dudas sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas de la República helénica, la banca internacional ha tenido amplias oportunidades para reducir gradualmente su exposición.

Además, los bancos han comprado a las aseguradoras y a los fondos de inversión credit default swaps o CDS: derivados que aseguran contra el riesgo de impago de la deuda. Quienes hayan vendido CDS, que también pueden ser bancos, podrían sufrir pérdidas si a su vez no se han reasegurado. Uno de los miedos expresados por el Banco Central Europeo (BCE) es que el opaco mercado de derivados enloquezca y haga enloquecer al resto.

Los reguladores y supervisores han avanzado desde el inicio de la crisis en la reglamentación, estandarización y transparencia de estos productos. Pero aún no transcurrió el tiempo necesario para aplicar los cambios.

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