La revuelta tunecina agita el norte de África

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Una docena de parados se han quemado a lo bonzo en Marruecos, Argelia, Egipto y Mauritania. La fortaleza militar de esos regímenes hace muy difícil derrocarlos

M. CENTENERA / T. DEIROS MADRID / TÚNEZ 23/01/2011 00:00

 

"Mubarak, haz como Ben Alí, lárgate". La joven egipcia Hela Halou pide en Facebook la dimisión del octogenario líder de este país árabe y numerosos internautas secundan sus gritos virtuales. "¡Sí, lárgate! [...] Fletemos un avión y metamos a Mubarak y las demás momias dentro", añade Ahmed, mientras otro participante de la red social invita a la acción: "Hermanos y hermanas de Egipto, tenemos que luchar. No temáis a la policía".

El derrocamiento del régimen tunecino de Ben Alí ha desatado la euforia en internet entre miles de jóvenes urbanos del norte de África. Hastiados de regímenes autoritarios y corruptos que no les ofrecen oportunidades económicas e impiden que sus reclamaciones se asomen a los medios tradicionales, han encontrado en las nuevas tecnologías un aliado para burlar la censura y expresarse sin cortapisas.

Un nuevo símbolo

La red popularizó el acto deses-perado de Mohamed Buazizi, el tunecino de 26 años que se quemó a lo bonzo, y lo ha convertido en el símbolo de la Revolución de los jazmines. Los tunecinos han arrancado los carteles oficiales de Ben Alí y pegado sobre ellos la fotografía de Buazizi, un fotomontaje que airean en las protestas. Su gesta ha ido aún más allá y ha saltado la frontera. Dos marroquíes ayer y otras diez personas en los días previos en Argelia, Egipto y Mauritania, han seguido su ejemplo.

"Buazizi se ha convertido en un símbolo brutal, una muestra de la desesperación extrema de un joven sin expectativas de futuro, dispuesto a acabar con su vida a pesar de que el suicidio, por motivos sociales y religiosos, es un estigma para los musulmanes", explica Haizam Amirah Fernández, investigador principal para el Mediterráneo y Mundo Árabe en el Real Instituto Elcano.

Muchos magrebíes pueden identificarse con Buazizi. La crisis económica ha aumentado el desempleo juvenil, empeorando aún más sus condiciones laborales y complicando la posibilidad de emigrar a Europa. Los jóvenes ven cómo sus bajos sueldos menguan más y más a medida que el precio de los alimentos y de la factura energética se dispara, mientras sus corruptas élites políticas siguen malversando fondos públicos y haciendo ostentación de su riqueza.

"Frustración acumulada"

"El régimen de Ben Alí era anacrónico en un país con ciudadanos educados y conscientes", subraya Senén Florensa, director general del Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed). También lo son, a ojos de poblaciones cuya media de edad no supera los 30 años, los regímenes de Marruecos, Argelia, Libia y Egipto, liderados por una gerontocracia sorda a su malestar. "La frustración acumulada de aquellos que han estudiado y, en cambio, ven que no pueden tener la misma vida que sus padres tiene que acabar estallando", predice Amirah.

"Pero hay que recordar que las protestas de Túnez no son las primeras. Entre 2004 y 2005 hubo protestas en Egipto, en 2008 en Marruecos, en Argelia este año... Y no trajeron una revolución como la que estamos viendo", subraya Barah Mikail, investigador senior de FRIDE .

Los expertos coinciden en que la revolución tunecina es un aviso serio para los autócratas árabes y traerá cambios simbólicos; "medidas cosméticas por parte de los regímenes", en palabras de Amirah. Aún así, las diferencias entre este país y sus vecinos impiden pensar en un efecto dominó que borre las dictaduras de la región. "Al menos a corto plazo", matiza Mikail, "hasta que se vea si Túnez es capaz de dar el salto a la democracia, algo que aún no es seguro".

La principal diferencia es el rol del ejército, "que en Túnez decidió no apoyar a Ben Alí", agrega el analista de FRIDE. Ahmed Driss, director del centro de Estudios Internacionales y Mediterráneos de Túnez, comparte su punto de vista: "El régimen, al ver que no podía contar con los militares ni aplastar las protestas, se vio abocado a su final. Es díficil que este dato fundamental se reproduzca. Por ejemplo, en Libia, el ejército no tiene ninguna razón para retirar su apoyo a Muamar Gadafi. Además, la población en países como Libia y Marruecos no se ha levantado aún."

Capacidad de decisión política

El respaldo militar es también clave en Argelia, informa Guillaume Fourmont. A diferencia de Túnez, el ejército argelino "no ha sido marginado por las autoridades, sino que participa en el proceso de decisión política", explica Amel Boubekeur, especialista del Magreb en la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) de París.

En Argelia, continúa, "el poder no está en las manos de un solo hombre, como en Túnez. Está mucho más difuso. Nadie está muy seguro del poder de maniobra de Buteflika".

"No hay que olvidar que Argelia vive en estado de emergencia y que las manifestaciones están prohibidas", recuerda la analista. En otras palabras, en caso de revueltas, el ejército atacará a la población, como hizo ayer, cuando los militares reprimieron una marcha prodemocrática de 300 personas. "Hay varios heridos y numerosos arrestos", dijo Said Sadi, líder de la protesta.

En Egipto, las fuerzas armadas apoyan a Hosni Mubarak pero, sobre todo, "están en contra de que los Hermanos Musulmanes [la principal fuerza opositora] lleguen al poder y formen un Gobierno islamista", explica Mikail. "Todos los partidos opositores han sido perseguidos y diezmados desde las legislativas de septiembre pasado y no hay una alternativa fuerte a Mubarak", agrega. Por eso, concluye, habrá que esperar hasta las elecciones presidenciales o a la muerte de Mubarak para ver si la indignación ciudadana precipita un cambio.

Silencio en Europa

"La revolución tunecina se ha producido desde el interior, sin ayuda de Europa. [...] Además, se ha tratado de un movimiento social sin instrucción alguna de partidos políticos", destaca Ridha Tlili, experto en transiciones democráticas de la universidad de Túnez.

Tras haber puesto a este país como ejemplo una y otra vez, la UE guarda silencio. Florensa, ex embajador en Túnez, cree que "Europa tiene que apoyar claramente la transición democrática". Al otro lado del Mediterráneo, el bloguero Anuar Dilou disiente: "La UE fue cómplice de un régimen criminal. Esperemos que ahora no sea hipócrita y se quede al margen".

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