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Ni brotes, ni peces de colores, ni niños muertos

Escrito por: Esteban Luengo Bernaus el 15 Dic 2010 - URL Permanente

 

 

A punto de que termine el tercer año de crisis, convendría plantearse una serie de preguntas que no están lo suficientemente claras y mucho menos explicadas por los brillantes comunicadores del nuevo gobierno, motivo este que adujeron como uno de los fundamentos de la remodelación del ejecutivo; explicar claro y alto dónde estamos, dónde queremos ir y en qué dirección.

Hoy en día, ya, quién más quién menos tiene una idea global pesimista de la situación de nuestra economía. Pero no todos conocemos el impacto real al que nos veremos sometidos en los próximos meses y años. Cierto es, que muchas familias ya lo han sentido, que otras, muy pronto, lo notarán, y que la mayoría de los ciudadanos, de una u otra manera, acabarán por probar los efectos perniciosos de esta crisis que no tiene fecha de caducidad. Y esto último mosquea y molesta. Que nos dijeran en 2008 que en 2009 volveríamos a la senda del crecimiento y a la disminución del desempleo se podría admitir si asumimos que este gobierno no está capacitado para lidiar una crisis tan contumaz y tan distinta a otras crisis anteriores, por coincidir en el tiempo la crisis financiera mundial, el estallido de nuestra burbuja inmobiliaria y la deuda tan desorbitante que arrastramos. Que nos digan en 2009 que será en 2010, y que ahora nos digan que en el último trimestre de 2011 y de ahí en adelante será cuando veamos brotes verdes, amarillos y peces de colores es de una irresponsabilidad manifiesta.

Porque no hay brotes verdes, ni amarillos ni peces de colores en el estanque de nuestra economía ni niños muertos que valga. La tierra, nuestra economía, no puede dar brotes, es árida y está rajada por la sequía de dinero. No hay dinero en las arcas, y para conseguirlo nos estamos endeudando hasta las cejas y conforme transcurren los meses pagando un interés más y más alto.

E implacablemente los últimos datos muestran como vuelve a caer la actividad y la demanda. Hemos entrado en un estancamiento de nuestra economía, incapaz de sobrepasar el cero, cifras oficiales, que después de tantas mentiras, ya nadie se cree.

Como nadie se puede creer las cifras de paro. No puede descender si la cifra de los que aún trabajamos apenas ha aumentado y el empleo sigue cayendo. Salvo que existan dos bases de datos diferentes, se vayan pasando parados de una a otra y sólo salga a la opinión pública una, la que al gobierno le interesa.

Más madera. Las cifras aparecidas los últimos días sobre el sector servicios y la industria referidos al tercer trimestre. Para correr despavoridos y no parar hasta salir del país. Un 10% cayó el sector servicio sobre el trimestre anterior. Dato frío que no dice nada si a continuación no se explica que dos terceras partes de nuestro Producto Interior Bruto (PIB) tienen correspondencia directa con este sector. Y en octubre la industria que ya estaba con la soga al cuello vuelve a bajar un 3.7%.

La situación general ha empeorado considerablemente si tenemos en cuenta que de los datos avanzados del 4º trimestre nuestra economía está cayendo un 4%. Las familias tienen menos dinero con lo que se reduce el consumo y la inversión, el cierre de la financiación a las familias y a las empresas es otro escollo insalvable para dar el empujón suficiente que haga estabilizar el número de parados. Y con este panorama ¿cómo vamos a ser optimistas para el 2011 si todas las previsiones son aún peores que las pasadas?

¿Tiene nuestra economía solución? Esta pregunta, sin mentiras, sin rodeos, es la que nos deberían contestar los líderes políticos. España, como otros países, tiene un problema serio, la deuda externa a la que no podemos hacer frente. Y resistiremos mientras los inversores sigan confiando en nuestro país y reciban a cambio un cada vez más suculento porcentaje de beneficio sobre su inversión. No hay solución sino se acometen con celeridad una serie de medidas tan impopulares como necesarias. Necesitamos unas reformas que no se limiten a poner parches para contentar a los inversores y a las autoridades de la UE. La desaparición a partir del próximo 1 de enero de la ayuda de los 426 euros, la congelación del salario mínimo y otras pequeñeces únicamente sirven, como digo, para calmar momentáneamente a los mercados y perjudicar, una vez más, a los más necesitados.

Si nuestra industria está hundida, el sector de servicios, del que por el momento sólo se salva el turismo, está seriamente tocado, sólo nos quedaría el sector exterior, pero como resulta que por nuestra pertenencia al euro no podemos devaluar la moneda, hemos perdido competividad y hemos incurrido en un enorme déficit de nuestra balanza de pagos, de modo que cada año que pasa nuestra deuda acumulada será más difícil de pagar.

¿Qué nos queda entonces por hacer? Cito a continuación unos párrafos del post de fecha 4 de mayo de 2010 escrito por Rosa Díez en su blog.

 

Mientras que cada día escuchamos abundantes reflexiones sobre la urgencia de impulsar profundas reformas de nuestro modelo productivo y laboral, son aún tímidas las voces que señalan el diagnóstico sin enredarse en los síntomas. No es por ignorancia; los poderes políticos, mediáticos y económicos del país saben que se está combatiendo el cáncer con analgésicos; pero siguen discutiendo sobre las dosis e incluso la oportunidad de pasar a la morfina porque son incapaces de liderar el cambio de modelo institucional. Entre otras cosas porque temen que éste se les pueda llevar por delante. Y es que las instituciones que fueron imprescindibles para la Transición no sirven para regenerar la democracia ni para dar respuesta a los problemas de la sociedad española del siglo XXI

Ha llegado la hora de que nos atrevamos a decir que la situación en la que se encuentra nuestro país no se arregla sólo con medidas económicas: no hay solución a la crisis económica y de modelo productivo si no abordamos la reforma del modelo de Estado. En España ha llegado hora de que alguien se atreva a proclamar, parafraseando a Clinton: «¡Es la política, estúpidos!».

El actual modelo económico y político de España es insostenible. En lo económico sólo puede durar mientras sea posible seguir endeudándose. En lo político está a punto de convertirse en inviable. Pero aún tenemos la oportunidad de tomar la iniciativa de reformarlo, antes de que tengamos que hacerlo obligados por las circunstancias, en el peor de los escenarios, arrastrados por la crisis social y política y sin ninguna autonomía para decidir. Y para ellos es necesario promover un conjunto de reformas estratégicas capaces de renovar la democracia, superando el estancamiento político al que ha llegado tras agotarse el impulso originario de la Transición.

Hay una inmensa mayoría de ciudadanos españoles que no se sienten representados por esa especie de cara o cruz de la política española. Estoy segura de que hay millones de españoles que añoramos esa Tercera España que tan bien representaron un liberal como Marañón y un socialdemócrata como Besteiro. Por eso creo que hay que salir a la calle: para sentirnos mayoría política los que somos mayoría social; para dar la oportunidad de reencontrarse a millones de ciudadanos que son españoles sin complejos; para mandar un mensaje contundente a quienes nos quieren convencer de que nada puede cambiar, para que sientan nuestra fuerza los que quieren tapar la boca a todos aquellos a los que no pueden controlar. Y para que nadie nos rompa el corazón.

Está en nuestras manos cambiar esta realidad que nos asfixia. Sólo hace falta que la mayoría silenciosa tome la palabra; sólo es necesario que todo el que se sienta capaz de hacer algo más que deprimirse o quejarse dé un paso al frente y se disponga a sostener esta bandera, la bandera de la Tercera España, del libre albedrío, de los resistentes. Si queremos, podemos.

(Fin de la cita)

Por mi parte sólo me resta añadir que comparto plenamente estos planteamientos, que, entiendo, puedan ser motivo enconado de disputas y confrontaciones, pero lo que debe imperar sobre cualquier protagonismo político, lo que verdaderamente importa, es nuestra subsistencia como país próspero y justo para todos. No es fácil ni pequeño empeño, pero con la voz alta y clara de todos los disconformes con la actual situación política y económica es un objetivo alcanzable.

Y dejémonos de brotes, peces de colores y niños muertos.

Buenas noches y feliz día

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