Obama y Afganistán: salir sin decir adiós

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Obama y Afganistán: salir sin decir adiós


Soldados de EE.UU. en Afganistán

Para septiembre del 2012 unos 35.000 soldados estadounidenses estarán fuera de Afganistán.

El presidente de EE.UU., Barack Obama, escogió el horario de máxima audiencia para presentar al pueblo estadounidense su plan de retiro paulatino de Afganistán, escenario de la guerra más larga y costosa en la historia de EE.UU., contra la que ahora hay una creciente oposición pública.

En parte Obama estaba cumpliendo una promesa que hizo cuando, temprano en su administración, cedió a la presión de incrementar, en unas 30.000, las fuerzas militares en el llamado “empuje” contra la insurgencia con la condición de que estaría retirándolas después de un año si las condiciones se daban.

El plazo ha llegado y, aunque es debatible si las condiciones han mejorado o no, con el anuncio del retiro parcial y medido el presidente quiere apaciguar a una ciudadanía estadounidense que exige más atención a los problemas internos, garantizar al pueblo afgano algún tipo de gobernabilidad en su país tras la partida y convencer al estamento militar de EE.UU. que la salida es honorable.

En la práctica el repliegue por etapas será de los efectivos militares que constituyen ese incremento temporal y será a más tardar para finales de 2011, pero eso dejará unos 68.000 soldados y demás personal militar, una considerable presencia sobre la que todavía no hay claridad de cómo y cuándo saldrían.

"Lanzar una señal"

No obstante, para la analista Carolyn Wahdams, del Centro para el Progreso de Estados Unidos (Center For American Progress) -un centro de investigación liberal- lo importante del discurso de Obama era lanzar una señal.

“No importa si son cinco, diez o treinta mil los que se repliegan, eso no hace mucha diferencia en el campo de batalla”, afirmó a BBC Mundo. “Lo que importa es el mensaje que se le está dando al público estadounidense, al liderazgo afgano y a la región”.

"Perdimos la concentración, escapó Bin Laden, no se pudo consolidar la victoria, el conflicto se agudizó y hasta ahora se ha vuelto a traer bajo algún control"

Richard Weitz, del Instituto Hudson.

Wahdams cree que el anuncio aliviará un poco el malestar de los estadounidenses con una guerra en la que no se sienten comprometidos y que piensan se les ha llevado preciosos recursos en momentos de crisis económica y de un déficit fiscal sin precedentes.

En un principio, la guerra tuvo apoyo popular, como respuesta a los ataques del 11 de septiembre. Para el público no había otra opción que entrar en Afganistán, acabar con los responsables y asegurarse de que esos atentados no se volvieran a repetir.

El objetivo era claro: desbaratar, desarticular y derrotar a al-Qaeda. Para eso hubo apoyo y, en muchos aspectos se ha logrado.

“Yo estuve en el Pentágono y vi el avión que se estrelló allí. Eso afecta como uno piensa al respecto”, comentó a BBC Mundo Richard Weitz, del Instituto Hudson de tendencia centro-derecha.

“El operativo militar sirvió al comienzo. Entramos y sacamos al Talibán. Pero se cometieron errores”, reconoce Weitz. “Perdimos la concentración, escapó Bin Laden, no se pudo consolidar la victoria, el conflicto se agudizó y hasta ahora se ha vuelto a traer bajo algún control”.

Cierre simbólico

La reciente muerte de Osama bin Laden -el líder de al-Qaeda- en un operativo secreto de la CIA en Pakistán, cerró de alguna manera simbólica para los estadounidenses la misión en Afganistán.

El doctor Weitz sostiene que desde hace mucho, el tema afgano ha dejado de ser preponderante. “El votante tiene su ojo en temas más preocupantes como la economía nacional”, dice.

El déficit de Estados Unidos es inconcebible (US$1,4 billones) mientras que la guerra afgana ciertamente ha sido costosísima, pero el analista señala que lo que se podría con el retiro definitivo es también simbólico.

“La guerra cuesta unos US$2.000 millones al mes. En el esquema general eso no es tanto considerando el tamaño del déficit. Estamos hablando de unos puntos porcentuales”, asegura. “Si se acaba la guerra o no, no será un gran factor en la economía”.

A pesar de esto, Weitz se pregunta si tuvo sentido emprender un operativo militar de tal envergadura y básicamente enfocar toda la política exterior de los últimos diez años en una amenaza relativamente menor. “Hay quienes piensan que sobrerreaccionamos”.

Algo que sí podría tener consecuencias a largo plazo tiene que ver con lo que la analista Carolyn Wadhams llama “los objetivos secundarios y terciarios” de la guerra.

"En algún momento se tiene que retirar"

Barack Obama

Obama dice que el país debe concentrarse más en sus problemas internos.

“En 2009, cuando Obama hizo su evaluación estratégica, dijo básicamente que para que esta misión tuviera éxito había que hacer progreso militar y progreso civil, en el sentido de garantizar la sostenibilidad del gobierno”, resalta.

En su opinión ninguna de las reformas políticas han sucedido. Aunque reconoce que al-Qaeda y la insurgencia han sido debilitadas en algunas áreas, esa situación no es sostenible si Estados Unidos retira sus fuerzas.

“La misma administración de Obama reconoce que todos esos avances se pueden revertir”, afirma.

“Estados Unidos puede continuar combatiendo a estos grupos, pero en algún momento se tiene que retirar y está tratando de dejar un estado que no tiene apoyo y que es un aliciente de la insurgencia porque es rapaz y corrupto”.

Wadhams se refiere al gobierno de Hamid Karzai, altamente problemático y criticado por su centralismo, responsabilidad fiscal nula y falta de transparencia.

Sin embargo, Stephen Donehoo, coronel retirado del ejército estadounidense y experto en temas de seguridad nacional, ese gobierno es lo que hay en el momento y el mejor que ha tenido Afganistán en su historia.

“Tiene mil problemas pero es mejor de lo que hubo antes”, recalca. “Se lo van a tener que tragar y esperar que, con el avance de la democracia, puedan encontrar maneras de buscar mejores gobiernos en el futuro”.

Donehoo manifestó optimismo con lo que se ha logrado en Afganistán y hacia dónde puede prosperar.

“No va a ser una democracia suiza, pero cuando llegaron las tropas de EE.UU. y la OTAN casi no había gobierno”, dijo a BBC Mundo.

Convencer a la tropa

"No va a ser una democracia suiza, pero cuando llegaron las tropas de EE.UU. y la OTAN casi no había gobierno"

Stephen Donehoo, coronel retirado del ejército estadounidense y experto en temas de seguridad nacional.

“Ahora vemos en todas las provincias que hay gobiernos locales, redes de comunicación más o menos estables, escuelas que sirven no solo a niños sino a niñas, y sistemas de salud que están comenzando a proveer servicio a los ciudadanos”, comentó.

“No sé si eso es una victoria, pero la gente en la mayoría del país siente que puede llevar a cabo una vida más o menos normal”, añadió.

Esa victoria, y cómo se interpreta, es la preocupación de todo presidente de Estados Unidos que tiene que convencer a sus fuerzas militares de el repliegue que propone, después de todo el esfuerzo y vidas invertidas, conduce a una salida honorable.

Muchos se están haciendo a la idea de que esa salida solo es posible entablando contactos con el enemigo, el Talibán.

“EE.UU. ya lleva diez años y no se puede quedar para siempre. Hay que terminar la guerra eventualmente y cada vez más existe la sensación de que esta insurgencia no va a ser derrotada completamente. Tiene que haber conversaciones”, sostiene Carolyn Wadhams.

Por su parte, Richard Weitz opina que “no hay que matar al adversario para clamar victoria. Con que depongan las armas y se integren a la sociedad, creo que la gente estaría satisfecha”.

En ese sentido, Stephen Donehoo apunta a la resolución de los conflictos armados en Centroamérica de los años 80. Décadas más tarde, Washington promovió las negociaciones para que países como El Salvador lograra una paz que ve a antiguos contrincantes en el gobierno.

Algo similar podría ocurrir en Afganistán.

“Hay que venderlo. Mucho depende del liderazgo militar, el Pentágono. Porque ellos no quieren dejar una situación donde no hay una conclusión, como en Vietnam”, afirmó Donehoo.

“Si ellos están convencidos de que esto les da una salida honorable después de haber invertido tanto, entonces en una buena salida”, concluyó.

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