Si los mercados se comen a los gobiernos, ¿en quien pueden confiar los ciudadanos?

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Si los mercados se comen a los gobiernos, ¿en quien pueden confiar los ciudadanos?

 

Primero fue Grecia, Irlanda y Portugal; después España y ahora Italia. Pero la fila de fichas de dominó sigue propiciando una reacción en cadena.

La gran beneficiaria es Alemania, que con sus bonos como punto de referencia está consiguiendo una financiación tan barata como se encarece la de los demás países sometidos al estrés de los mercados.

Lo más obsceno es la falta de reacción política. Y por si faltaba algo, en Estados Unidos demócratas y republicanos están a punto de poner al país en suspensión de pago.

El fatalismo geográfico se ha invertido. Los países emergentes crecen y el primer mundo se derrumba. La pregunta es, ¿hay muros de contención para esta crecida de los mercados que lo están inundando todo?

La democracia, siempre se ha dicho, es el mejor de los sistemas posibles. Ahora habría que añadir que el fracaso de la democracia política empuja a los países con estado de derecho hacia un precipicio. Si los ciudadanos perciben que las autoridades y las instituciones no tienen capacidad de controlar esta situación, la tragedia está escrita, para repetirse, en las páginas de la historia.

 

El fatalismo geográfico se ha invertido. Los países emergentes crecen y el primer mundo se derrumba. La pregunta es, ¿hay muros de contención para esta crecida de los mercados que lo están inundando todo?

 

Alemania se verá azuzada por la historia futura por su falta de responsabilidad en la crisis europea. Hemos vuelto a los parámetros de sálvese quien pueda y eso siempre ha provocado desastres continentales.

Alemania actúa como si la tragedia de los países del sur fuera su oportunidad de recuperar la diferencia de un crecimiento económico por encima de todos y una superioridad sobre los demás países europeos. Así es imposible construir la Europa que soñamos. No puede haber países de primera, pero sobre todo no puede haber ciudadanos de segunda.

Los gobernantes de cada país afectado por esta locura tienen que reaccionar con firmeza. Tienen que plantarse y defender el estado del bienestar de sus ciudadanos. Sobre todo porque se han quedado sin argumentos para justificar recortes que no son capaces de parar esta marabunta de la que son perjudicados los ciudadanos más débiles.

 

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