Un ciudadano flauta

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Un ciudadano flauta

Acabo de regresar de mi primera manifestación. Podría pensarse que seré entonces muy joven porque ha habido motivos más que sobrados para salir a la calle. El no a la guerra, la repulsa por el asesinato de Miguel Ángel Blanco, la de... Es cierto, pero yo no acudí a ellas. Y no porque fuese un niño, tengo 48 años. ¿Por qué entonces hasta el 19 de junio de 2011 no he salido a la calle? Porque ahora, por primera vez, las razones son universales e intemporales. He salido a dar testimonio de mi indignación con un sistema que sólo tiene en cuenta a las personas como productoras y posibles consumidoras, un sistema, el capitalismodeshumanizado, que, gracias a los voceros de los medios de comunicación, ha logrado sacar lo peor de nosotros: el egoísmo, la indiferencia, la ignorancia,... Las otras manifestaciones eran necesarias y estoy con los que acudieron a ellas, pero tenían un único motivo (y siempre hay un motivo). Ésta del 19-J, sin embargo, es la manifestación de la generalidad, la que busca un mundo mejor y que por tanto engloba el no a la guerra, a la violencia, a la injusticia, al abuso, el no a todo aquello que nos deshumaniza.

Estoy convencido de que en la manifestación del domingo muchos eran de parecida condición a la mía: cómodos en el sistema pero incómodos con el sistemaTengo tres hijos, un buen trabajo, casa y coche en propiedad, vamos, lo que se podía llamar un modelo de prosistema y que yo llamo un ciudadano flauta. Pero además de todo eso también tengo algo más: ética. Que a mí me beneficie una situación no quiere decir que sea una situación beneficiosa. Estoy convencido de que en la manifestación del domingo muchos eran de parecida condición a la mía: cómodos en el sistema pero incómodos con el sistema. En esatransformación social que se pide y que deseo que se logre, probablemente mi estatus económico cambie a peor. Me alegraré de que así sea si con ello se logra uno mejor para los demás. Gracias a ello, sin embargo, aumentará mi estatus social porque viviré en una sociedad más digna. Vaya lo uno por lo otro.

Para sorpresa de los que tienen la sartén por el mango, las protestas que se simbolizan en el 15-M no están protagonizadas por los que se queman con la sartén, sino por los que aunque estamos a salvo de quemaduras tenemos la sensibilidad suficiente como para entender no sólo el dolor de quien el sistema margina, explota y destruye, sino también para entender cuál es el motivo y quiénes son los culpables. Nosotros estamos indignados, vosotros: políticos, jueces, financieros, empresarios, y medios de (des)información sois indignos. (Sé que algunos no, justamente los que sabrán disculpar ésta generalización),

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