¿Un gin tonic?... ya no se lleva beber como hombres

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EDUARDO VERDÚ

¿Un 'gin tonic'?

EDUARDO VERDÚ  07/06/2011

 

Ya no se lleva beber como hombres. Es decir, ya no se lleva que los hombres beban como hombres. Se está produciendo una clara feminización en la forma de tomar copas en Madrid.

La fórmula tradicionalmente masculina de ingerir alcohol consistía, en primer lugar, en tragar mucho.

Tanto la abultada masa corporal de los chicos en comparación con la de las mujeres como la necesidad de demostrar su aguante etílico llevaba a los más machotes a consumir cantidades ingentes de alcohol. Solo así se lograba el efecto deseado en la sangre y entre los amigos y las amigas.

La otra característica definitoria del estilo masculino de beber era la clase de destilado.

El whisky y el ron han sido los licores más demandados por los jóvenes madrileños en las últimas dos décadas.

El alcohol blanco, sin embargo, era preferido por las chicas, quienes acompañaban sus refrescos de vodka o ginebra.

La Coca-Cola y demás refrescos

solo ensucian el vaso y rememoran un tiempo infantil

Ahora todo ha cambiado. Excepto en los adolescentes (y preadolescentes), quienes aún buscan desaforadamente las consecuencias del alcohol sin reparar en su calidad ni en el placer de ingerirlo, los treintañeros (años arriba, años abajo) están redescubriendo el deleite de tomarse una copa. Una. Quizá dos. A estas edades ya existen unas vulnerabilidades físicas y unas responsabilidades laborales, e incluso familiares, disuasorias del exceso. Los desfogues ni siquiera suceden necesariamente los fines de semana ni de madrugada. En Madrid están proliferando las coctelerías, los locales afterwork donde tomarse un trago tranquilamente entre semana, paladeando los sorbos y las conversaciones. Y ese algo es un gin tonic.

Madrid vive una fiebre de tónica con ginebra sin precedentes. La moda se desató el verano pasado, pero estos meses está llegando a su máximo esplendor. Chicos y chicas se acodan en las barras para pedir sistemáticamente gin tonics en bares que han comprendido esta nueva modalidad de beber mucho más pausada y madura, más glamurosa. Numerosos garitos de la ciudad han incorporado sofás y han bajado la música para propiciar las charlas. Pero, sobre todo, han pasado de contar con ocho clases de ginebra a ofertar por lo menos 20, además de varias clases de tónica, en una carta delicadamente impresa. El Diez, en Torrelodones, es el bar de la Comunidad con mayor número de ginebras, 162. En Madrid este año incluso abrió The Gin Room, un bar dedicado al gin tonic.

La proliferación de ginebras premium, con una destilación más artesanal, ha convertido a este combinado en una bebida con clase. Los treintañeros ya no toman tantas copas, así que ya no hay razón para temer la resaca vengativa del alcohol blanco. La Coca-Cola y demás refrescos solo ensucian el vaso y rememoran un tiempo infantil o adolescente de mezclas dulces y tintadas. Nada puede competir con la sofisticación y la elegancia de un cáliz transparente estremeciéndose en burbujas y aderezado con un detalle de aromatizado color.

La moda del gin tonic no solo se constata en cualquier bar de la capital (muchos de ellos incluso organizan catas), sino que el pasado Madrid Fusión tuvo una dedicación especial a este cóctel. Páginas web y blogs de atención exclusiva al gin tonic como theginblog.es o gintonicmadrid.com, así como el crecimiento de videocatas (más de 20 en planetahedonista.com) reflejan el auge de esta bebida incolora.

Poco a poco los consumidores madrileños van experimentando y convirtiéndose en sibaritas. Según los expertos, el gin tonic debe verterse en vaso de sidra (mejor que de balón), la ginebra hay que servirla a cinco grados y la tónica a uno y medio sobre un lecho de siete cubitos de hielo pequeños. La rodaja de limón o incluso la de pepino han quedado obsoletas. Ahora son mucho más sofisticados los retoques: fresas, albahaca, regaliz, manzana, maracuyá, uvas, pétalos de rosa (comestibles), nuez moscada, granos de café en suspensión e incluso algas y plancton.

Johann Jacob Schweppe, el inventor de la tónica, vivía en Ginebra. Quizá esta combinación de factores impulsó a un alto general inglés a juntar el agua carbonatada (con la que se combatía el paludismo) y el gin durante el receso de una batalla en la India. Con el tiempo los británicos perdieron su colonia. Ciento cincuenta años después de aquella lucha y a 10.000 kilómetros de distancia; hoy, en Madrid, el gin tonic triunfa.

Cómo reconocer a un baboso sometido

La Rudeza sea con vosotros hijos de puta,

Una vez más, Odín, Ares, Chuck Norris y todos los dioses rudos y puteros me han inspirado para escribiros la Verdad por ellos revelada. Hoy, rudos lectores, vengo a preveniros de grandes tribulaciones, causadas -como siempre- por nuestras más temibles y deseadas enemigas: las mujeres.

Como ya ha hablado el Profeta, las mujeres persiguen un solo gran objetivo durante toda su vida: amarrar a un Hombre… y mariconizarlo. Algunas prefieren el desafío de mariconizar a un Rudo, otras la tarea fácil de hacerlo con un metrosexual, un emo o un mamasán chupacalzones, pero todas en definitiva persiguen el mismo y siniestro fin.

Ante esta grave masturbación perturbación en la Rudeza, muchos rudos hombres se han acercado a mí en busca de consejo, diciendo “Oh Profeta ¿cómo saber si estoy siendo mariconzado por el Enemigo?” La respuesta en el siguiente párrafo:

Estás perdiendo la batalla contra la mujer cuando:

  1. Empiezas a hablar por “nosotros” y no por tí mismo. A nosotros nos encanta ir a tomar helado ¿verdad mi amor?
  2. Tu mujer te impide ir donde tus amigos. Es que mi novia se enoja si salgo…
  3. El matrimonio aparece en escena como un evento futuro e incierto. Si algún día nos casamos con mi chica…
  4. Le dedicas canciones de amor a tu mujer. Mi amor, te dedico esta de Arj*** (aquel que no debe ser nombrado en este blog)
  5. Llevas a tu mujer a eventos de hombres. ¿No se enojan si voy con mi novia a ver la final de la Champion?
  6. Pierdes el tiempo consolándola en sus arrebatos hormonales. No llores mi amor, yo te apoyo en todo…
  7. Satirizas a personajes de hombre con tu relación. Yo soy Han Solo y tu mi Princesa Leia…
  8. Empiezas a cuidar tu estado físico por su culpa. Estoy a dieta por que mi “chanchi” dice que estoy muy gordo…
  9. Toleras las estúpidas opiniones de tu mujer aunque piense distinto. No estoy de acuerdo pero no discutamos por eso…

Definitivamente has perdido la batalla contra la mujer cuando:

  1. Ella empieza a hablar por “nosotros” y no por sí sola. Nos encanta ir a cuidar al bebé de mi amiga ¿verdad gordo?
  2. Por iniciativa propia prefieres quedarte en casa y no ir donde tus amigos. Mi amor, si llaman diles que no estoy…
  3. El matrimonio se convierte en un hecho futuro y cierto. Cuando ella y yo nos casemos…
  4. Realmente comienzan a gustarte las canciones de amor. Es que esa de Sin Bandera me recuerda tanto a tí…
  5. Ella te lleva a sus actividades de zorras. Mi amor, lo pasé ta bien contigo en el babyshower de tu amiga…
  6. Empiezas a tener tus propios arrebatos hormonales. ¡¿Por que es así conmigo?! si yo la amoooo ¿POR QUÉEEE?
  7. Te identificas con muñecas putas. Tu eres Barbie y yo soy tu Ken…
  8. Empiezas a descuidar el estado físico de tu mujer. Mi novia es media “goddita” pero la quiero igual…
  9. Te cambias de religión, equipo de fútbol y partido poítico por ella. Es que antes estaba equivocado, ella me hizo ver las cosas como son…

Estas, queridos discípulos en la Rudeza, son algunas de las señales de los tiempos que corren. Tiempos de putas y huevones arrastrados, que venderían a su madre, derramarían su cerveza, y se perderían un partido de Sudáfrica 2010, por agradar a una mujer y seguir bajo el abrigo de sus faldas. Permaneced vigilantes en vuestra Rudeza queridos amigos… pues el destino de todo hombre sometido, es terminar siendo un maricón dependiente, a quién seguramente su mujer engañará con otro más Rudo.

¡Alabada la Rudeza! Bud Spencer, Ora pro nobis.

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