Urge una intervención coordinada a escala global

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 Urge una intervención coordinada a escala global

 

El miedo es libre. Y más si halla razones.

 

Los desplomes bursátiles y la combustión de los indicadores de riesgo durante la jornada de ayer hacían patente el pánico de los mercados a una fiera económica en forma de nueva recesión mundial de segunda vuelta.

 

 

Ni en Europa ni en EEUU se ha concretado una pisada firme en una recuperación con algún rasgo modélico, ni se han ahuyentado en ningún momento los fantasmas de la recaída.

 

El caballo ingobernable de la deuda descoloca cada día unos mercados cada vez más rotos, donde ya se ha perdido la referencia de qué parámetros son normales.

 

El Ibex bajó ayer a mínimos de 2009, la marea de nuestra prima de riesgo baña a diario la costa del 400 y comenzamos a acostumbrarnos a vivir al borde del precipicio. Una epidemia de alertas que se reproducía ayer en los parqués de Occidente.

 

Dos mensajes machacaban ayer los índices en el Viejo Continente. Por un lado, el del presidente de la Comisión Europea, Barroso, que alertaba de que nuestra crisis de deuda ha perdido ya el apellido de periférica e incumbe a todas las economías del euro, incluidas las fuertes. No por esperado, menos demoledor. Por otro, había esperanzas en que Trichet anunciara un al

 

ivio en forma de compra de títulos de España o Italia, los actuales focos del huracán del mercado.

 

Pero el presidente saliente del BCE, tras dejar entrever que sí podría comprar deuda, no dejó claro que se contemplara hacerlo con la española o la italiana. Crac. Mientras, desde el otro lado del Atlántico, las noticias no son menos preocupantes.

 

Con la elevación del techo de endeudamiento en EEUU, se evitó este martes una suspensión de pagos estadounidense, pero no se ha conjurado el riesgo de una rebaja de calificación crediticia ni se han establecido los mimbres para reconducir los desequilibrios fiscales de la primera economía del mundo en la próxima década.

 

Amén de que EEUU no arroja datos macro alentadores. El PIB del segundo trimestre decepcionó con un 1,3 por ciento y hoy se teme por un mal dato de desempleo.

Rescatar a la economía global de la deriva

Así, desde uno y otro lado del océano se ve que esta crisis global y globalizada, la más financiarizada de la historia -como prueban los azotes del mercados- ha dado un salto cualitativo.

 

Su virus mortal ha mutado dando la razón a los que decían que aún no habíamos visto su real virulencia.

 

La economía global está ajustándose porque contrajo una hipoteca futura que no alcanza a abonar.

 

Ahora viene la redimensión.

 

Acabará en una economía mundial más pobre, en la que por primera vez las siguientes generaciones no tienen garantizado ser más prósperas que las anteriores, en la constatación de que sigue sin existir un prestamista de última instancia y en que ha de definirse un nuevo nuevo orden económico mundial.

 

Y para ello, los dirigentes deben ser conscientes, responsables y acometer sin más dilación una acción coordinada para sacar a la economía global de su deriva.

 

Ése es el rescate. Y no sólo implica a la UE y a EEUU, a Obama o a Merkel, a Bernanke o a Draghi. Ni sólo habrá de poner en tela de juicio a las instituciones que nos han conducido en esta travesía.

 

Los líderes mundiales deben sorprender al mercado con un citius, altius, fortius en forma de despliegue de medidas acorde a los hechos, que conlleve la asunción de la futura realidad menos rica, de los inevitables años de ajustes fiscales que esperan, de las pérdidas privadas que habrán de ser descontadas.

 

 El 11-S y la caída de Lehman Brothers fueron dos hitos que arrancaron acciones al unísono por parte de los líderes mundiales y de los principales bancos centrales, respectivamente.

 

La situación actual apremia una intervención sincronizada.

 

Sin ella, la crisis centrifugará todo en un mad max económico cuando hace falta un big bang reconstructivo.

 

fuente EDITORIALELECONOMISTA

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