Cómo hacer una revolución sin molestar

Publicado en por noticias-alternativas

Sobre el zoco de la Puerta del Sol, utopías y otros sueños

Sábado, 4 junio 2011

Dicen que quieren cambiar el mundo sin molestar a nadie, apunta Irene Lozano en un reciente artículo en este periódico. ¿Pero eso es posible?

A los acampados en la plaza de la Encarnación de Sevilla les dejaron sin luz, sin agua, sin Internet… el 22 de mayo pasado, el mismo día de las elecciones municipales.

Aquellos que disponían del poder a su antojo antes de la cita electoral les habían prometido la Isla de Jauja mientras existió la posibilidad de que a cambio de “buenas palabras y ayuda”, éstos, los Indignados, les votasen.

Pero como la marabunta pasó dejando la ciudad desolada, y, aparentemente, ni un voto de éstos fue a caer en sus arcas, a los reyezuelos de turno les faltó tiempo para negarles el pan y la sal. A los acampados no volvieron a ponérseles al teléfono los conseguidores de turno ni los jerarcas se acercaron por allí; ni siquiera, como gesto de buena voluntad se entiende, les facilitaron corriente eléctrica y el acceso a Internet. Nada.

Así que le sugerí a uno de ellos que propusiese acercarse a cualquier farola o toma de corriente que hubiese en la zona y la cogiesen prestada… Pero antes de acabar mi argumentación ya me había dicho: “Es que ese no es nuestro estilo…” ¡Ah! “Seremos autosuficientes”, añadió luego, convencido. Así son los indignados; esos extraños individuos a los que en mi anterior artículo denominé los nuevos ciudadanos (NC).

¿Acaso anda el mundo al revés? ¿O estamos iniciando una nueva era? Uno se queda pensando al ver cómo actúan estos ‘indignados’ que tratan de sobrevivir en la Puerta del Sol y en otras plazas de España. No deja de sorprender cómo organizan su vida; parece que lo hacen igual que lo hacían aquellos pioneros del trueque.

Cuando hace unos días estuve en el centro neurálgico de esta España confusa, atrapada en estos momentos en la virulencia verbal que genera la fiebre del pepino, lo primero que me llamó la atención fue su arcaica organización. ¡Aquello era un zoco! ¡Un zoco como los que todavía perviven en otros países y ciudades del Tercer Mundo!

Un zoco levantado en un ambiente amigable que invita a la convivencia, gestionado en claves de cooperación y buen ánimo. Un zoco para la ayuda mutua; dispuesto a sobrevivir y a hacerle frente, ¡a hacerle frente!, al mismísimo poder y a combatir las sofisticadas cadenas de supermercados, o esas catedrales del consumo que son los centros comerciales, que le chupan el tiempo y la vida a sus visitantes, a cambio de unas horas de encantamiento.

¿Será el movimiento 15 M esa estrella que esperan los desheredados para que les guíe?  ¿Serán estas nuevas ágoras, esos espacios en los que se fraguará el renacer del ser humano? Frente a las mentiras de la historia —no hay más que leer estos días lo que se esta escribiendo y diciendo de ese Diccionario Biográfico Español promovido por la Real Academia de la Historia que, según parece, es un despropósito y un ejercicio de mala fe, por no decir otra cosa—, frente al cinismo y artimañas de la casta política, frente a la desvergüenza de los bancos y el poder económico, frente a la acción depredadora que ejercen algunos políticos (véase si no el último artículo que ha caído en mis manos de Antonio Muñoz Molina); frente a la rapiña de empresas de todo pelo, de hombres y mujeres sin escrúpulos, frente a todo eso surge hoy un nuevo ideal que, dicen, quiere cambiar el mundo sólo con la resistencia pacífica y el comportamiento cívico.

Cambiar las actuales formas de hacer política sin líderes que tengan nombre y apellido, y sin una organización decidida detrás; sin unas reglas escritas; sin unas acciones concretas… ¿Será posible?

Cuesta creer que “la gran presión que vamos a hacer”, dicen, “sobre la política obligará a los políticos a cambiar las cosas”. Esto creen los ‘indignados’; algunos lo creen a pie juntillas y otros como el que me hacía este comentario están convencidos de que no es necesaria la acción directa para conseguir cambiar el mundo. Es la utopía.

Pero no está claro que el gran hermano, el poder, la economía, los mercados o quien sea en su nombre, no les aplastará un día de estos si no reaccionan a tiempo y son más sutiles, más geniales, más hábiles que el propio poder diseñando su acción y estrategias.

De hecho los intelectuales, los medios de comunicación, los columnistas…, todo el mundo que les sigue, les reclama ya acciones concretas, un paso al frente, que tomen decisiones, rostros a los que dirigirse para pedirles respuestas o explicaciones, o para averiguar sus contradicciones.

¿Pero quiénes son estos ‘indignados’ que van ya camino del mes resistiendo? Seguro que entre ellos no están los ‘jóvenes del PP’. Tampoco es probable que haya muchos hijos de familias humildes; esos andan en otros asuntos más urgentes, quizá; no están aquí por otras razones que a poco que en ellas se piense se comprenderán. Y, seguramente, tampoco habrá muchos jóvenes que hayan tenido la fortuna de encontrar un trabajo.

Aquí están, probablemente, amén de grupos y subgrupos de variado pelaje y de procedencia y origen distinto (personas mayores en paro, personas enfadadas, personas confusas, personas ofuscadas…), los hijos de una clase media que creía haber tocado ya el Cielo y ahora se encuentra al borde del precipicio.

Hijos e hijas formados, poseedores de varias carreras algunos, que piensan, educados, que en su casa gozaron y gozan de los beneficios del progreso, con habitación propia, ordenador y televisor para ellos, acceso a Internet… Sí, la crisis, la tristemente famosa crisis, les está haciendo pensar mientras han descubierto que ante ellos se abre el abismo. La sociedad les ha formado pero no los necesita

Julio Anguita decía en el vídeo que ilustra esta historia, (lo decía en 1999, hace 12 años), que frente a la resignación solo cabe la rebeldía.

De la resignación enumera sus causas en esa magistral conferencia; por cierto, todas vigentes y cada día más activas; y de la rebeldía explica que ésta es un grito de la inteligencia y de la voluntad; una actitud intelectual frente a la alienación que el Poder en todas sus manifestaciones: económicas, mediáticas, sociológicas, culturales o religiosas, ejerce.

Así pues, los ‘indignados’, rebeldes e inteligentes, con una actitud intelectual decidida a intentar cambiar las cosas, deberán mostrarle a esta sociedad amorfa y apática que todavía es posible vivir de otra manera y mejor. Su intención de crear un “parlamento digital”, como se les ha ocurrido últimamente a los acampados en la Puerta del Sol, no es una mala idea siempre que no se quede sólo en las ondas que van y vienen por Internet.

Finalmente, no creo que los actuales gestores políticos entiendan demasiado bien lo que está ocurriendo. Los NC disponen de herramientas novedosas que a ellos se les escapan; la fluidez, soltura, precisión y eficacia con las que los ‘indignados’ las usan, nada tiene que ver con la comunicación verbal, epistolar, telefónica o por fax. Es como cuando de pronto aparece la pólvora en la guerra tradicional. Así que ¡ojo!

Sin duda asistimos a una experiencia novedosa y única, sobre la que es difícil calibrar el alcance que puede tener; una experiencia donde las reglas del juego tradicionales ya no sirven; es decir, la forma de relacionarse entre personas y grupos ahora son otras.

Nadie, por tanto, sabe qué puede ocurrir. Pero algo tendrá que pasar porque, como anuncia Antonio Muñoz Molina en el artículo que anteriormente cito, “es hora de despertar”. Y es que no les queda mucho tiempo; el Sistema, como el que se quita una mosca de encima, está deseando aplastarles.

Miércoles, 1 junio 2011

Un momento de la asamblea celebrada anoche en la Puerta del Sol. / Alberto Martín (Efe)

Muchos periodistas y escritorcillos otrora entusiasmados con el 15M, les empiezan a pedir que prosigan con su revolución sin molestar. Es lo que ellos han venido haciendo durante años. Con su fabuloso altavoz mediático o su cátedra contribuyeron a la complacencia general y se procuraron una vida muelle.

Todo ello sin dejar de autoproclamarse revolucionarios ni un solo minuto. Con tanto antifranquista como tuvimos no se entiende que Franco muriera de viejo.

Con el heroico periodismo patrio agolpado en el Congreso el 23F resulta un misterio que nadie resultara baleado. Qué tiempos aquellos en que los intelectuales epataban sin cesar a los burgueses. Hoy son pobres burgueses epatados.

En general, dar consejos es de imbéciles. Y en particular, dar consejos imbéciles es de muy imbéciles. Los demócratas modélicos recomendaron a los jóvenes respetar la legalidad ordenada por la Junta electoral, porque la democracia se basa en el imperio de la ley. Si por ellos fuera, se habría pedido permiso al Rey de Francia para asaltar la prisión de la Bastilla y viviríamos aún en el Antiguo Régimen.

También han aconsejado al Movimiento 15M que se convierta en partido político, porque el deseo de todo buen revolucionario como ellos es que la revuelta se institucionalice a toda prisa. No ha faltado la sugerencia de que abandonen la Puerta del Sol, argumentando que ya han tenido su minuto de gloria mediática y ahora deben reinventarse.

¿Reinventarse, cuando aún no han terminado de inventarse? ¿Es que se están quedando anticuados?  Otros tratan de convencerlos de que plieguen el campamento porque molestan a comerciantes y transeúntes, y van a perder la simpatía popular que inspiraron inicialmente.

La realidad es que no ha habido una revuelta más cívica que ésta. Los de Sol suspenden sus asambleas a las doce de la noche para no perturbar el sueño de los vecinos y, por lo mismo, se concentraron ante la embajada francesa el domingo por la noche en silencio.

El Ayuntamiento mandó a Sol una inspección sanitaria que dio el visto bueno a las condiciones higiénicas del campamento, mientras en Barcelona respondían al apaleo brutal de los Mossos dejando la plaza como la patena. Contra porras, flores; y frente a las quejas de los comerciantes, limpieza de escaparates.

En realidad, una de las debilidades del Movimiento 15M es su afán por no molestar a nadie. En las asambleas sólo se aprueba aquello que concita la unanimidad de centenares de personas que no se conocen entre sí. Parecen convencidos de que alcanzar un consenso es cuestión de buena disposición, pese a que el lema de la primera manifestación evidenciaba su conciencia de los intereses en juego: “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”.

Quieren erradicar la corrupción con el voto favorable de los corruptos, que no están vetados en las asambleas; quieren cercenar el poder de los banqueros con la aquiescencia de los emisarios de Botín, a quien le bastaría con mandar a media docena de los suyos para impedir una resolución contra el sistema financiero actual.

Quieren cambiar todo sin molestar a nadie, pero una revuelta no tiene que aspirar a caer simpática. Éste es mi consejo de imbécil.

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