Fuegos artificiales a costa de las hipotecas españolas
El Radar, R. J. Lapetra
Fuegos artificiales a costa de las hipotecas españolas
El Gobierno ha apostado por tocar el eje central de la crisis para los españoles: hipoteca, vivienda y banca. Corre ya julio de 2011 y han pasado más de cuatro años de la crisis, pero la actuación del Congreso de esta semana permite confirmar que la política y los fuegos artificiales se dan la mano de vez en cuando para confundir a la opinión pública. Llega después de 300.000 ejecuciones hipotecarias desde 2007, es decir, después de que a cientos de miles de las familias les haya caído encima una condena financiera prácticamente insalvable tras no poder pagar su hipoteca, perder la casa -probablemente su empleo- y generar una deuda millonaria que antes de ser propietario no tenía.
El pulso entre políticos y banqueros no ha llegado hasta que se han desplegado las protestas en la calle, a raíz del reciente movimiento del #15m. De repente, el Gobierno se ha indignado también con la banca. Pero sus medidas apenas tendrán impacto ni para la banca, ni para los hipotecados. La reforma hipotecaria permite elevar los niveles de ingresos exentos de ser embargados en caso de ejecución hipotecaria. Sin embargo, no pone límites a la deuda. Elevar ligeramente el nivel del sueldo que no puede ser tocado un puñado de euros no parece que vaya solucionar la situación financiera de una persona que se ha quedado sin trabajo, sin casa y con sus ingresos futuros hipotecados.
Tampoco parece que se gane mucho con los límites a los precios de las ejecuciones hipotecarias. El banco no podrá quedarse con una casa por menos del 60% sobre el valor de tasación. Un límite que seguirá llenando los juzgados de empleados de cajas y bancos porque han encontrado en los últimos tres años un filón: quedarse con inmuebles a mitad de precio, en subastas desiertas, y pudiendo revender después en el mercado abierto con un buen margen. Y además han creado derechos de cobro sobre futuras nóminas que no tardarán en reclamar.
Si la crisis sirve de algo se debe reformar el sistema hipotecario en España, que tiene que dejar de ser una soga al cuello de los clientes y el paraíso para los bancos: máxima garantía, maximización de intereses, máximos beneficios... Como bien se ha repetido durante esta crisis, el sistema financiero español es uno de los más sólidos del mundo por su exigencia con las garantías de quien pide un préstamo de cuántos se conocen. BBVA o Santander son dos de los gigantes bancarios en todo el mundo con rating AA, entre otras cosas por este motivo, además de su inigualable diversificación geográfica y exposición a países emergentes como México o Brasil.
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