sobre las acampadas. "La prueba de fuego viene ahora"

Publicado en por noticias-alternativas

Hablamos con el filósofo Miguel Morey sobre las acampadas que piden "una democracia real", de la necesidad o no de un líder, y de las posibles analogías con otras revueltas

Cultura | 23/05/2011 - 09:41h

Albert Lladó

Albert Lladó

Barcelona Redactor


Miguel Morey es catedrático de Filosofía en la Universidad de Barcelona, y profesor visitante en Buenos Aires, La Habana, Venecia, Viena, Munich y París, entre otras. Colaborador de numerosos medios de comunicación, entre ellos La Vanguardia, ha traducido al castellano a Michel Focault y a Gilles Deleuze, y fue reconocido con el XXII premio Anagrama de Ensayo por Deseo de ser piel roja. Su último libro publicado es Pequeñas doctrinas de la soledad, editado por Sexto Piso.

Acostumbrado a estudiar la relación entre el poder y los mecanismos de control y vigilancia de la sociedad, le hemos invitado a reflexionar en voz alta sobre lo que está pasando en las acampadas que piden "una democracia real" y que aseguran que el sistema político actual no les representa.

¿Qué opina sobre que un texto como ¡Indignaos!, de Stéphane Hessel, se haya convertido en un best seller? Es significativo que tanto él, como José Luis Sanpedro (autor del prólogo), superen los 90 años de edad...

 ¿Sorprendente la edad de Hessel o Sampedro? No tanto si recordamos que, sin el ejemplo y las lecciones de los viejos republicanos españoles, tal vez la resistencia antifranquista hubiera existido igualmente, pero es seguro que no hubiera tenido la dignidad que tuvo.

Lo cierto en que la gente ha salido a la calle. ¿Qué piensa del movimiento surgido después del 15 de mayo?

No hay nada de extraño en que la gente salga a la calle, lo sorprendente es que no lo haya hecho hasta ahora. La prueba de fuego viene ahora, después de las elecciones. Entiendo que impugnar la estrategia electoral, con los riesgos evidentes que implica, obliga a asumir la responsabilidad de constituirse en foro político permanente.

¿Cómo considera que ha de ser una democracia para que garantice la "dignidad" del ciudadano?

La parte negativa está clara. Ver secuestrada la propia dignidad por los poderosos que se hacen pagar la crisis que ellos provocaron, exigiendo el desmantelamiento del Estado social para seguir manteniendo sus obscenos beneficios es de todo punto indignante. Respecto a lo que "ha de ser" una democracia "digna", si no me equivoco es esto precisamente lo que se está discutiendo en las acampadas. Hay que dejarles espacio y tiempo, y luego escuchar lo que tienen que decir.

Algunos lo han querido comparar con el Mayo del 68...

Mayo del 68 fue una insurrección generacional, mayoritariamente estudiantil, cuyas reivindicaciones eran antes antiautoritarias que de tipo económico y que tuvo lugar en tiempos de bonanza. No es este exactamente el caso ahora. Si puede establecerse algún parecido habría que buscarlo en la voluntad de extender a la metrópoli luchas surgidas en el tercer mundo ("crear vietnams", "plaza Tahrir") y, sobre todo, en lo imprevisible que todo era la víspera. Eso es lo realmente esperanzador.

Durante esas revueltas, figuras como Sartre, tenían un papel protagonista. Hoy, ¿la figura pública del filósofo ha perdido relevancia social?

 Sartre no fue exactamente protagonista del mayo, aunque su aval le diera un cierto lustre chic al movimiento. Más bien lo que hizo el mayo fue acabar con la figura del "intelectual representante", "portavoz autorizado" y "conciencia crítica". Evidentemente tales energúmenos siguen existiendo, pero desde entonces quedó claro que ya son solo payasos con aspiraciones mediáticas. Cuando Sartre hizo su intervención estelar en el teatro Odeon ocupado por los estudiantes, encontró una nota sobre la mesa que decía: "Sartre, se breve".

Los manifestantes insisten en el "anonimato" de las protestas. ¿Cree que para que pase de la anécdota a la transformación del contexto político es necesaria la figura del líder?

Cuanto más tarden en aparecer quienes se proclamen portavoces autorizados de lo que ocurre, mejor. Aparecerán sin duda, pero cuanto más tarden, más garantías habrá de que sea realmente algo nuevo lo que se haga y diga.

Otra de las comparaciones recurrentes son las revoluciones árabes... Pero nuestros conflictos y retos son muy diferentes.

Quizá habría que advertir a quienes traten de aprovechar las analogías formales entre ambas insurrecciones para resucitar la cantinela de que "África empieza en los Pirineos", que vayan poniendo sus barbas a remojar.

En lo que sí que se parecen es en la utilización de las redes sociales. ¿Cómo observa el fenómeno?

Que el espacio virtual en el que se ha confinado a los jóvenes encuentre salidas a la realidad es algo que debe celebrarse, aunque su uso sirva tanto para enriquecer a las empresas correspondientes como para promover la insurrección contra los efectos de su prepotencia. Sin duda habrá que pensar en ello algún día.

¿De dónde viene tanta indignación?

Parecía impensable hace unos años que un libro como el de Stéphane Hessel se convirtiese en un 'best seller'

Libros | 20/05/2011 - 12:30h

Albert Lladó

Albert Lladó

Barcelona Redactor


Portada del libro de Stéphane Hessel Destino

  • La gente - de todas las edades, se diga lo que se diga - ha llenado las plazas para mostrar su indignación hacia la clase política.

Pero, ¿de qué se quejan?, ¿qué quieren? Algunos están muy preocupados por los casi cinco millones de parados. Otros vienen de movimientos anti-capitalistas, del decrecimiento, del creative commons, de la lucha por la igualdad de género, o simple y llanamente creen que el actual sistema de representación no les representa. Poca broma.

Hay personas a las que las acampadas les recuerda el Mayo del 68, otros que reivindican un discurso nuevo para un nuevo mundo, se palpan nostálgicas reminiscencias del movimiento hippie, y hay obreros que, después de dedicarle toda una vida a su trabajo, se ven en la calle y sin esperanzas. Hay empresarios, y liberales, que no entienden que el rescate sea a los bancos, y no a los autónomos. Y el "basta ya" a los recortes, la defensa de la sociedad del bienestar que ve cómo algunos de sus puntales, como la Educación o la Sanidad, se tambalean mientras se mantienen sueldos millonarios de directivos y políticos. ¿De quién es culpa la crisis?

Y la corrupción. Y los responsables de la burbuja inmobiliaria, y la financiación ilegal, y la aparente inmunidad de unos cuantos frente a las dificultades del resto. La prensa, también en el punto de mira. Y el bipartidismo, y el marketing como único relato. Hay parados, padres jóvenes, estudiantes, jubilados, turistas, personas que han visto en las revueltas árabes un referente, y adictos a la redes sociales. Las asambleas en cada esquina convierten los lugares de paso en ágoras improvisadas. No todo el mundo está de acuerdo, ni falta que hace.

Algo se veía venir. Parecía impensable hace unos años que un libro como ¡Indignaos!, de Stéphane Hessel, se convirtiese en un best seller. Un texto de poco más de 30 páginas que, tal y como reconoce el propio autor, "no aporta las respuestas". El mismo Hessel, activo luchador de la resistencia francesa y uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pone como ejemplo otros libros mucho más consistentes y "elaborados" como La Voie (La vía), de Edgar Morin, o el ensayo de Susan George, Sus crisis, nuestras soluciones.

Pero el diagnóstico es demoledor. Tanto, que el texto de este venerable anciano de 93 años se convirtió en un éxito de ventas el pasado Sant Jordi, después de que en Francia ya hubiese vendido más de medio millón de ejemplares. Para Hessel, "la indiferencia es la peor de las actitudes" y, por ello, aboga por la indignación como una reacción humana, de dignidad, de resistencia ante las absurdas imposiciones. Para el autor, que nació en Berlín pero vive en París desde los siete años, "la no violencia es el camino que debemos aprender a seguir" y no duda en hablar de "insurrección". Los referentes no faltan: desde Martin Luther King, pasando por Mandela.

Muy influenciado en su juventud por las lecturas de Sartre, especialmente por La náusea y El muro, Stéphane Hessel se apoya en el hegelianismo para encontrar un sentido a la Humanidad: "la libertad del hombre progresa etapa por etapa". También José Luis Sampedro, que es responsable del prólogo de la edición española (publicada por Destino), pide estar en "alerta para no bajar la guardia".

Hessel sólo apunta, pero, aunque las actuales movilizaciones responden a muchos factores – diversos y complementarios -, su libro ha servido como mecha de algo incierto y nuevo. Y, sin imaginarlo, le ha puesto nombre. El primer componente esencial del Hombre - nos dice – es "la facultad de indignación". El segundo, "el compromiso que la sigue".

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