DE SOL A SOL: LOS TRES ÚNICOS CAMINOS

Publicado en por noticias-alternativas

4 de junio de 2011

DE SOL A SOL: LOS TRES ÚNICOS CAMINOS


Sólo se me ocurren tres caminos para los "indignados" del movimiento 15M (los isidrines, como me gusta llamarlos cariñosamente); o mejor dicho, dos posibles caminos para su movimiento, no para ellos como personas, faltaría más. Y me refiero a caminos pacíficos y legales. También sería posible que la cosa degenerase en un movimiento revolucionario y violento, pero supongo que la inmensa mayoría de los isidrines rechazarían tal cosa.

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Uno de los caminos es de la contestación y la revuelta permanente, la "resistencia-pasiva activa", el convertirse en un movimiento de "agitación social", dirigido fundamentalmente a promover entre la sociedad el boicot de todo aquello que se considere antidemocrático o perjudicial para la inmensa mayoría de la población.
Por ejemplo: "los políticos no se preocupan del bienestar de los ciudadanos; usemos por lo tanto todos los medios legítimos posibles para poner de manifiesto en sus propias narices su falta de interés; boicoteemos con las reivindicaciones ciudadanas las reuniones de los consistorios municipales, de las asambleas autonómicas, del gobierno central, etc., etc., especialmente cuando se estén decidiendo cosas en contra de los intereses ciudadanos" (se trataría de acciones intermedias entre el "oso-antimoroso" que perseguía al alcalde de Madrid, las performances de Greenpeace, las madres de la Plaza de Mayo, y las megamovilizaciones ante el G-8, pero organizadas de modo constante y frente a todos los niveles de la administración).
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O, por ejemplo: "los bancos y el sistema financiero explotan injustamente a la sociedad; boicoteémoslos, convenciendo a la gente de que saque su dinero de los bancos que no cumplan unos mínimos -o máximos- criterios éticos; o hagamos campañas informativas sobre los trapicheos de los que tengamos noticia".
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O, por ejemplo: "el sistema actual no garantiza el acceso a la vivienda: organicemos un movimiento general de 'okupación' de viviendas vacías".
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O, por ejemplo: "los empresarios aprovechan la coyuntura económica para explotar a los trabajadores: boicoteemos los productos de sus empresas".
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O, por ejemplo: "las políticas de austeridad crean más miseria: agrupemos todas nuestras acampadas frente a la sede del Banco Central Europeo y frente a los domicilios de sus principales dirigentes, hasta convencerlos de que adopten una política monetaria keynesiana y empiecen a imprimir billones de euros con los que financiar los déficit públicos y las políticas de bienestar que se están reclamando" (y de paso, todos con camisetas con la cara de Paul Krugman).
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O, por ejemplo: "el sistema educativo es una mierda: que los padres de los alumnos se pongan en huelga y no lleven a sus hijos al colegio hasta que haya soluciones verídicas".
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Naturalmente, el problema de este camino es que, con toda probabilidad, sería seguido sólo por una proporción mínima de los presuntos indignados. La mayor parte de la gente, incluso de aquellos más persuadidos de que las reivindicaciones isidriles son razonables y justas, no asumirían el coste de estas acciones (ni se pasarían la vida de cacerolada, ni se atreverían a sacar el dinero del banco -si lo tienen, o lo que tengan-, ni dejarían de comprar, etc., etc.).
Ello por no hablar del riesgo de que, a medida que sólo los más radicales se quedaran siguiendo este camino, emprendieran acciones cada vez más violentas.
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El segundo camino, que a mí personalmente me parece el más razonable y productivo, es transformar el movimiento 15M en un partido político creíble (aunque sea con todo el dolor de su corazón), que intente convencer a la gente de que las medidas que propone serán beneficiosas, y que las lleve a cabo desde dentro de las instituciones.
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Al fin y al cabo, si el movimiento tiene unas reivindicaciones, se supone que a quienes éstas van dirigidas es a los partidos políticos representados en el parlamento, que es la institución que puede tomar la decisión de instaurar leyes que recojan aquellas reivindicaciones.
Pero, ¿qué sentido tiene pedir, o "exigir", a un partido que vote por una propuesta que no figura en su propio programa electoral? Es más sensato presentarse directamente a las elecciones con dichas propuestas, y si es verdad que la gran mayoría de la población las considera suyas, pues lo expresarían así con sus votos, ¿no?
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Naturalmente, los isidrines parecen pensar más bien que no. O bien no confían en que la gente votará en número suficiente a un partido basado en el movimiento 15M, o bien no confían en que el "sistema electoral" les dé "igualdad de oportunidades". Pero esto último es una falacia, aceptada tan sólo por el miedo a perder.
Es cierto que los grandes partidos tienen cogidos por los huevos los mecanismos tradicionales de propaganda y "creación de opinión", pero si algo ha demostrado el 15M es que esos mecanismos tradicionales hacen aguas por todos los lados, gracias en gran medida a internet, a las redes sociales, y a ese tipo de cosas.
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Otra cosa es el miedo a perder: ¡seguramente que no ganarán las elecciones! (al menos a corto plazo); pero incluso una pequeña presencia en el parlamento podría ser muy importante como vía para expresar sus reivindicaciones y a lograr parcialmente algunas de ellas, sobre todo allá donde se convirtieran en "bisagra". Al partido socialista le costó décadas conseguir un primer diputado, y más de un siglo llegar al gobierno (y mucho menos volverlo a perder).
A los liberales británicos no les va mucho mejor. Pero carajo, en eso consiste en gran parte la democracia, en aceptar que tus reivindicaciones sólo tienen la fuerza de la cantidad de gente que las apoya con sus votos, y ni un miligramo más, por muy legítimas y autoevidentes que les parezcan a sus redactores.
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Y por último, el tercer camino, el más incierto y nebuloso. La principal idea-fuerza (qué expresión más horrible) tras el movimiento 15M es que los políticos se han olvidado del interés de los ciudadanos.
Una posible forma de reacción tendría que ser, por tanto, la de incrementar la relevancia social de todos aquellos ámbitos e "instituciones" (en el sentido sociológico de la palabra, no en el político) en donde los políticos no tengan nada que hacer ni que decir. Esto es ciertamente difícil en un mundo como el nuestro, en el que casi todo está censado, regulado y gravado con impuestos.
Pero se trataría de ir inventando formas de crear espacios "libres de intervención política", que poco a poco fueran extendiéndose hasta tener la fuerza suficiente como para negociar con las otras "instituciones" (en el sentido político: el Estado, los ayuntamientos, la Unión Europea, etc.).
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A la corrupción de la democracia en la antigua Grecia le sucedió un movimiento así, una especie de "descubrimiento de lo privado", que dio lugar al Jardín de Epicuro y a otras cosas parecidas (incluida la Iglesia cristiana).
Frente a los absolutismos de la Edad Moderna, la gente reaccionó también con la creación de lo que se ha llamado "la sociedad civil" (que fue precisamente la que negoció con las "instituciones políticas" la creación de los estados democráticos a partir del siglo XVIII).
Tal vez sea hora, por tanto, de un tercer movimiento de verdadera "privatización" de la vida pública.
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Aunque, por supuesto, los tres caminos se cruzan y se mezclan indefinidamente.
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